DESINFECCIÓN MEDIANTE OZONO

El ozono es una molécula compuesta por tres átomos de oxígeno. Dos átomos de oxígeno forman la molécula básica de oxígeno: el oxígeno que respiramos que es esencial para la vida. El tercer átomo de oxígeno puede desprenderse de la molécula de ozono y volver a unirse a las moléculas de otras sustancias, alterando así su composición química. El ozono es una molécula inestable y altamente reactiva, lo que hace que esta sustancia química sea muy efectiva para matar microorganismos, incluyendo virus.

Las mismas propiedades químicas que permiten que altas concentraciones de ozono reaccionen con material orgánico tanto fuera de nuestro cuerpo, como bacterias, hongos y virus, como dentro de nuestro cuerpo, como piel, ojos, pulmones y otras áreas expuestas y que potencialmente pueden causar consecuencias dañinas para la salud. Desafortunadamente, lo que hace que el ozono sea tan efectivo también lo hace peligroso. El ozono reacciona indiscriminadamente, sea un microbio, una persona, una mascota o una planta. Los efectos observados en personas indican que cuando se inhala, el ozono puede dañar los pulmones. En concentraciones relativamente bajas pueden causar dolor en el pecho, tos, falta de aliento e irritación de la garganta. El ozono también puede empeorar enfermedades respiratorias crónicas como el asma y comprometer la capacidad del cuerpo para combatir las infecciones respiratorias. La susceptibilidad al ozono varía ampliamente entre las personas. Las personas sanas, así como aquellas con dificultades respiratorias, pueden experimentar problemas respiratorios cuando se exponen al ozono. Una mayor actividad física durante la exposición al ozono hace que se inhale una mayor cantidad de ozono y aumenta el riesgo de efectos respiratorios nocivos. La recuperación de los efectos nocivos puede ocurrir después de la exposición a corto plazo a bajos niveles de ozono, pero los efectos sobre la salud pueden volverse más dañinos y la recuperación es menos segura a niveles más altos o de exposiciones más largas. El ozono es un gas tóxico con propiedades químicas y toxicológicas muy diferentes del oxígeno.

La concentración de ozono necesaria para descontaminar el aire de forma efectiva, inhibiendo el crecimiento de algunos agentes biológicos, debe ser lo suficientemente alta como para ser un problema de salud si hay personas presentes.

Por el contrario, si se usa en concentraciones que no exceden los estándares de salud pública, el ozono aplicado al aire del ambiente a tratar no elimina eficazmente virus, bacterias, moho u otros contaminantes biológicos.

Un generador de ozono es capaz de producir ozono artificialmente, mediante la generación de una alta tensión eléctrica llamada «efecto corona», que produce ozono y colateralmente iones negativos. Debido a su inestabilidad y su rápida reconversión en oxígeno, el ozono no puede ser almacenado ni transportado, como otros gases industriales. Por este motivo, debe ser producido en el lugar en donde será empleado y a partir del aire del ambiente, por lo que no son necesarios productos químicos consumibles. La capacidad de generación de ozono suele ser inferior a los 1.000 mg/h para los modelos domésticos, hasta 60.000 mg/h para modelos destinados a la desinfección de grandes espacios. Debido a la alta reactividad del ozono, sólo unos pocos materiales pueden ser usados para entrar en contacto con él, entre los que destacan ciertas aleaciones de acero inoxidable, el vidrio, la cerámica y algunos polímeros.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda el uso del ozono para desinfectar agua, por ejemplo. Es una opción a tener en cuenta, gracias a su capacidad de oxidación y a que no deja residuos ya que se convierte nuevamente en oxígeno. Por ello se está usando en aplicaciones concretas y en espacios específicos. El chorro de ozono que expulsan los generadores de ozono máquinas higieniza la zona que alcanza, tanto el ambiente como la superficie en la que se posa. Pero el ozono no deja de ser un gas tóxico para el ser humano. Y esto también lo dice la OMS. Hay que evitar los lugares con una concentración mayor a 0,1 mg/m3 (miligramos por metro cúbico), lo que puede afectar especialmente a las personas que tienen problemas respiratorios. Y, seguramente, proteger a estas personas sea la razón principal por la que se quiera utilizar un generador de ozono.

Su uso tiene aplicaciones prácticas útiles. Se pueden desinfectar lugares cerrados. Su uso es posible, pero en ambientes no ocupados por personas u otros seres vivos que apreciemos, recomendándose que se ventile el ambiente antes de volver a ocuparlo, o bien esperar el tiempo suficiente para que el ozono vuelva a convertirse en oxígeno y no suponga un riesgo para nuestra salud. Resulta curioso que se vendan libremente los generadores de ozono, que disparan chorros de cientos o inclusive decenas de miles de miligramos por hora, pero no se haga lo propio con medidores de concentración para evaluar la eficacia de la desinfección así como saber cuándo vuelve a ser seguro un espacio desinfectado con este método.

El ozono se produce in situ bajo demanda a partir del aire, eliminando así la necesidad de gestión de consumibles y sustancias químicas peligrosas. Además, no quedan residuos químicos tras el tratamiento con ozono al descomponerse a oxígeno de manera natural. En términos de uso, su distribución como gas posibilita que el ozono llegue a superficies difíciles de higienizar. No obstante, su aplicación adecuada requiere un control de la concentración de ozono y el tiempo necesario para que el tratamiento resulte efectivo.

Se debe utilizar después de una limpieza tradicional para reducir el riesgo de propagación de patógenos para asegurar que la desinfección llegue hasta los rincones de difícil acceso.

Dependiendo de las necesidades del cliente, se adapta el tiempo de tratamiento y la concentración de ozono para conseguir una desinfección adecuada. Cuando termina el tratamiento, el ozono se descompone de manera natural en oxígeno tras un tiempo determinado o ventilando el ambiente. Mediante mediciones se evalúa que se pueda ocupar nuevamente el ambiente asegurando que la concentración de ozono esté por debajo de los límites de exposición recomendados.

Existe una distinción entre el término «desinfección» y «esterilización». La esterilización se define como la completa destrucción de todas las especies microbianas, considerándose como tal cuando se erradica el 99,9999% de la población de microbios. La desinfección, por otro lado, es simplemente la reducción de la población microbiana, aceptándose por lo general un 90% de eliminación de microbios como suficientemente efectiva, como en los casos de tratamientos tradicionales. La desinfección por ozono puede obtener resultados en torno al 99% y por tanto, muy cercanos a la esterilización.

Contacta con nosotros si deseas una solución a medida para tus necesidades de desinfección mediante ozono.

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